"Se me va el sueldo en esto, si no es más". Camila Khoder habla desde su despacho, ubicado en el 7º piso del edificio de la Legislatura. La alperovichista no tiene demasiado tiempo libre. Ayer, como todos los martes, una larga fila de personas (en especial mujeres que han viajado desde el interior) se agolpa frente a la puerta principal de la Cámara, esperando el turno para hablar con ella. Es probable que esto también ocurra mañana, como todos los jueves. Estos son los dos días que Khoder dedica, cada semana, a brindar asistencia social económica en el parlamento.
Los primeros llegan con el alba. Los últimos se van durante la tarde, cuando la legisladora se marcha a casa. Pero, a lo largo de la jornada, siempre hay alguien aguardando a la hermana del intendente de Banda del Río Salí, Zacarías Khoder.
"La estamos esperando a Camila", dice una mujer que está en la fila, bajo el tibio sol del mediodía. Cada mes visita el despacho de la parlamentaria, y suele recibir una ayuda que ahora gratifica con palabras. "Ella es la única que me atendió cuando lo necesitaba", aclara, sin dar su nombre.
Otras la escuchan hablar y se acercan, analizando la situación como si hubiera una amenaza latente. "No vayan a hablar mal de ella, ¿no?", suelta una de las mujeres, en tono jocoso, para dejar en claro su compromiso con la dirigente bandeña.
Khoder, al atender la consulta de LA GACETA, no tiene interés en esconder que brinda este tipo de asistencia. Todo lo contrario. "Gracias por ocuparse", suelta de entrada. Y luego enuncia qué planteos y necesidades suele escuchar de boca de la gente. "Lo que más piden son anteojos, sin dudas. Y también medicamentos. Después, vienen muchos a solicitar becas para colegios. Trato de no llamar a cada institución, de no pedirles que dejen la receta y otros trámites. Es más directo darles el dinero para que vayan y se encarguen ellos", cuenta. Después, aclara que le resulta difícil estimar el monto destinado cada mes para ayuda social. "No me he puesto a sacar la cuenta, pero es mi sueldo. Quizás sean unos $ 30.000 por mes, o más. Porque no estoy sumando a quienes me hacen algún pedido en la calle, o cuando voy haciendo gimnasia (es docente en esta materia) por el parque. En esas ocasiones también me suelen transmitir alguna necesidad, y lógicamente no tomo nota", dice Khoder, que tras despedirse con tono gentil sigue recibiendo a los vecinos que la esperan.